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Estrategia comercial

El precio no es un número, es una decisión de posición

Bajar diez por ciento se decide en una reunión y se paga durante dos años. Qué mirar antes.

3 min de lectura

Casi todas las conversaciones sobre precio que me tocan empiezan igual: las ventas bajaron, alguien propone un descuento, y la discusión se convierte en cuánto. Rara vez se discute lo otro, que es lo que importa: qué le estamos diciendo al mercado sobre lo que vendemos.

Un descuento es un mensaje, no un ajuste

Cuando un negocio baja el precio de forma permanente está afirmando dos cosas al mismo tiempo. La primera es que antes cobraba de más. La segunda es que su propuesta compite por costo. Ninguna de las dos se puede desdecir con una campaña después.

El problema práctico es la asimetría. Bajar el precio se decide en una reunión y tiene efecto la misma semana. Subirlo de vuelta toma trimestres, cuesta clientes y necesita una razón que el cliente pueda entender y repetir. Es una puerta que gira mucho más fácil en un sentido que en el otro.

Antes de tocar el precio, tres números

Antes de mover la lista, me gusta ver tres cosas. Ninguna requiere una herramienta nueva y las tres suelen estar en el sistema de ventas.

El margen de contribución por producto, no el margen promedio. El promedio esconde que hay líneas que financian a otras. Un descuento parejo sobre un catálogo desparejo casi siempre termina regalando justo lo que dejaba plata.

La mezcla de venta. Si el 70% de los ingresos viene de tres productos, el precio de esos tres es la estrategia comercial completa y el resto del catálogo es ruido. Mucha discusión de precio se hace sobre productos que no mueven la aguja.

Cuánto cuesta traer un cliente nuevo comparado con cuánto deja. Si traerlo cuesta más de lo que deja en su primera compra, el negocio no tiene un problema de precio, tiene un problema de recompra, y el descuento lo agrava.

Las alternativas que casi nunca se ponen sobre la mesa

Bajar el precio es la primera opción porque es la más fácil de ejecutar, no porque sea la mejor. En negocios medianos suelen existir tres caminos con menos daño de posición.

Cambiar lo que está adentro del precio: mantener el número y agregar algo que cueste poco entregar y valga harto para el cliente, como despacho, instalación, garantía extendida o soporte. Segmentar en vez de descontar: una versión más simple y más barata protege la lista principal, mientras que un descuento general la borra. Y trabajar el momento de la compra: financiamiento, cuotas o un plan por suscripción cambian la percepción de costo sin tocar la etiqueta.

Lo que hago cuando igual hay que bajar

A veces la respuesta correcta sí es bajar. Cuando pasa, lo trato como un experimento con fecha de término y con una condición escrita antes de empezar: qué número tiene que moverse, cuánto, y en cuántas semanas. Si el volumen adicional no compensa el margen perdido en ese plazo, se revierte.

Escribir esa condición antes suena burocrático. Es lo único que impide que un descuento temporal se convierta, sin que nadie lo decida, en el precio nuevo.

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